Don Gabino Ramos: "EL HOMBRE QUE NACIÓ ENTRE CERROS Y SE VOLVIÓ LEYENDA".
Hay vidas que no se escriben con tinta, sino con polvo de caminos, ecos de sierra y pasos firmes que jamás se detienen.
Entre los montes rojizos de Chihuahua nació un hombre cuya historia parece tallada por el mismo tiempo: Don Gabino Ramos Soto, una figura que, al recordarla, se levanta como los cerros que lo vieron crecer: inmensa, serena y eterna.Donde la Sierra da a Luz a un Hijo
En los parajes de La Bufa, Chihuahua, lugar escondido entre las entrañas de la sierra, nació el 19 de febrero de 1935 un muchacho destinado a convertirse en un personaje digno de contarse por generaciones.
Ahí, donde las nubes se enredan en las copas de los pinos y el viento choca contra la roca caliente del día, llegó al mundo Gabino Ramos Soto, hijo de Julia Soto Gutiérrez y Manuel Ramos.
Creció junto a sus cuatro hermanos bajo la sombra eterna del Cerro Colorado, un gigante rojizo que parecía cuidar de ellos.
Su niñez estuvo llena de madrugadas frías y caminos empinados, pues desde chico tuvo la responsabilidad de cuidar y arrear las chivas familiares.
Cada jornada con el hato fue forjando en él una disciplina férrea y un entendimiento profundo de la naturaleza.
Aprendió a leer el cielo, a escuchar la tierra y a enfrentar la vida sin miedo.
El Muchacho que Partió a los Quince
Apenas cumplidos los 15 años, la sierra quedó atrás.
Con el corazón lleno de determinación, dejó su hogar para buscar un futuro más amplio.
Llegó a Chihuahua capital, donde trabajó en lo que hubiera: cargador, ayudante, jornalero, aprendiz…
No conocía la palabra “imposible”, y cada oficio que tomaba lo hacía con la seriedad de un hombre que sabía que el trabajo es la llave de todo.
Aunque no había podido terminar la primaria, su mente tenía una facilidad natural para las matemáticas.
Observaba, aprendía, memorizaba, calculaba con una precisión que dejaba sorprendidos a quienes lo rodeaban.
La vida lo moldeaba, pero él también moldeaba la vida.
Rutas, Polvo y Ciudades que lo Formaron
Su destino se extendió más allá del norte.
Se trasladó al estado de Sonora, donde vivió en Álamos, Obregón y Navojoa, tomando trabajos de toda índole.
Aquel joven serrano aprendió de tierras nuevas, de gente distinta, de modos de hablar y trabajar.
Pero dentro de él había un espíritu curioso, casi aventurero.
Le gustaba viajar, conocer ciudades, ver lo que había más allá del horizonte.
Sus pasos lo llevaron a Guadalajara, donde la modernidad le mostró un ritmo distinto, y a la Ciudad de México, donde la inmensidad del país se le reveló con todo su bullicio.
Cada viaje le regaló historias y aprendizajes que guardaría para siempre.
El Día en que Sinaloa se Volvió Hogar
Fue después de los veinte años cuando llegó a El Fuerte, Sinaloa, sin saber que esa tierra ribereña se convertiría en su hogar definitivo.
Entre calles tranquilas, huertos verdes y el murmullo del río, encontró algo más profundo que un territorio: el amor.
Conoció a Ana María Portugal Fierro, mujer de temple y noble corazón, con quien formaría una familia grande y unida.
Juntos tuvieron 11 hijos, quienes llevarían el apellido Ramos Portugal, continuidad viva del linaje serrano y fortense que él construyó con sacrificio y amor.
Político de Convicción, Hombre de Opiniones Firmes
En aquellos años, la política era tema de conversación en plazas y casas.
Don Gabino se involucró con un claro sentido de participación social.
Primero fue militante del PRI, donde vivió ambientes de organización y vida comunitaria.
Más tarde, ya establecido en El Fuerte, decidió unirse al PAN, buscando nuevas formas de opinar y servir a su comunidad.
No lo movía la ambición, sino la convicción.
Sabía escuchar, analizaba con calma y siempre hablaba con respeto.
El Defensor de los Trabajadores
En la SARH, hoy CNA, donde más tarde se jubilaría, su carácter firme se volvió un pilar para muchos.
Ahí se ganó el reconocimiento de compañeros y superiores, pues tenía algo que pocos se atrevían a ejercer: defender los derechos de los trabajadores.
Cuando había injusticias, no callaba.
Cuando había abusos, señalaba.
Su voz no era fuerte, pero sí clara, y esa claridad era suficiente para hacerse escuchar.
Obra Grande, Mente Grande
Entre sus logros laborales destaca su participación en la monumental Presa Huites, en Choix, Sinaloa.
Ahí trabajó como supervisor de calidad, un cargo que requiere exactitud y dominio de cálculos y mediciones.
A pesar de no haber terminado la primaria, pocos tenían su facilidad para las matemáticas.
Muchos ingenieros confiaban plenamente en su criterio.
Era un hombre que aprendía, comprendía y resolvía.
El Alma que Tocaba Cuerdas
Pero no todo en él era trabajo.
Dentro de su pecho vivía la música.
Sabía tocar guitarra, requinto y armonía, y donde había una reunión él encontraba la manera de hacer sonar las cuerdas, llenando el ambiente de nostalgia y alegría.
Participó en un concurso de aficionados, donde obtuvo segundo lugar frente al ya reconocido Ernesto Ayala.
Esa noche, más que un premio, dejó un recuerdo imborrable para quienes lo escucharon.
El Pueblo y su Don Gabino
En El Fuerte, su nombre se volvió parte de la vida cotidiana.
Todos lo conocían como Don Gabino Ramos:
trabajador, músico, viajero, defensor y hombre de palabra.
Su presencia era de respeto, pero también de cercanía.
Era de esos personajes que se vuelven esenciales en la memoria de un pueblo.
El Legado que Nunca Muere
En 2019, su vida terrenal llegó a su fin.
Pero los hombres como él no desaparecen: permanecen en las historias, en los hijos, en la comunidad y en los recuerdos que dejó sembrados.
Hoy, al evocarlo, su figura se levanta como aquel cerro de su infancia:
firme, silenciosa, eterna.
No cuento historias, las hago vivir.
El Narrador Colonial.


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