馃懟 La mujer de blanco que ped铆a avent贸n en la subida al pante贸n


La noche ca铆a pesada sobre El Fuerte, de esas en que el viento parece traer consigo voces antiguas y los cerros guardan secretos que nadie se atreve a nombrar. La subida al pante贸n, tan silenciosa como un suspiro detenido, se ve铆a apenas con la luz tenue de la luna que alcanzaba a dibujar el camino. A esas horas, cualquier ruido, por peque帽o que fuera, se sent铆a como un aviso… como si algo, o alguien, estuviera esperando ser visto.

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馃毝‍♀️ La aparici贸n al borde del camino

Fue cerca de las once cuando don Efra铆n, un hombre conocido por nunca temerle a nada, regresaba de dejar unas mercanc铆as. Conduc铆a despacio, pues aquel tramo siempre hab铆a tenido fama de estar “pesado”.
De pronto, la vio.

Una mujer de blanco, quieta, inm贸vil, parada justo a un lado del camino. Su vestido largo parec铆a brillar con la luz de la luna, y su cabello oscuro ca铆a como cascada sobre los hombros. No levantaba la cabeza. No hac铆a se帽al alguna. Solo estaba ah铆, como si hubiera estado esper谩ndolo desde siempre.

Don Efra铆n fren贸. Nadie, pens贸, deber铆a estar sola a esa hora en la subida al pante贸n.

馃暞️ El ruego de la desconocida

Cuando baj贸 la ventana para decirle algo, la mujer habl贸 primero.

¿Me puede llevar?, dijo con una voz tan suave que m谩s parec铆a viento que palabra.

Sin pensarlo demasiado, 茅l asinti贸 y abri贸 la puerta. Pero ella no subi贸 como una persona normal. No se movi贸 para acomodarse. No suspir贸. No hizo ruido alguno. Fue como si solo… apareciera dentro del veh铆culo.

脡l la mir贸 de reojo. Ten铆a las manos sobre el regazo y la cabeza inclinada hacia abajo. Su piel era demasiado p谩lida, casi transparente. Pero don Efra铆n, hombre de campo, acostumbrado a historias viejas, sigui贸 manejando sin decir palabra.

¿A d贸nde la llevo?, pregunt贸.

Ella tard贸 en responder.

Solo… ll茅veme un poco m谩s arriba. Despu茅s… yo bajo sola.

No dijo m谩s.

馃尗️ El silencio que no era silencio

El aire dentro del veh铆culo comenz贸 a ponerse fr铆o. No el fr铆o normal del clima, sino uno que se siente en los huesos, como si la sangre se adelgazara. Don Efra铆n not贸 que pod铆a ver su propio aliento, aunque la noche afuera no era tan helada.

La mujer segu铆a sin levantar el rostro. Pero comenz贸 a llorar. L谩grimas silenciosas que ca铆an sin que ella hiciera ning煤n gesto de dolor, como si llorar fuera su estado natural.

Don Efra铆n quiso preguntar qu茅 le pasaba, pero algo dentro de 茅l, algo antiguo, algo que reconoc铆a los l铆mites de la vida y la muerte, le dijo que guardara silencio.

As铆 avanzaron, en un silencio que hac铆a m谩s ruido que cualquier grito.

馃憗️ El rostro que no deb铆a verse

Fue al llegar a una curva, cerca del pante贸n viejo, cuando ella habl贸 nuevamente.

Aqu铆 est谩 bien… aqu铆 me bajo.

脡l detuvo la camioneta. Antes de que pudiera abrir la puerta, la mujer, por primera vez, levant贸 lentamente la cabeza.

Don Efra铆n sinti贸 el coraz贸n detenerse.

No ten铆a ojos.

Solo cavidades oscuras, profundas, como ventanas hacia una soledad eterna. El rostro era hermoso y tr谩gico a la vez, como si la muerte la hubiera tomado con delicadeza, pero sin piedad.

Ella sonri贸, una sonrisa que no era amenaza… era tristeza.

Gracias por traerme a casa.

Y antes de que 茅l pudiera reaccionar, se desvaneci贸 frente a 茅l. No se baj贸. No abri贸 la puerta. Simplemente dej贸 de existir dentro del veh铆culo.

⚰️ La verdad que todos callan

Con las manos temblorosas, don Efra铆n arranc贸 y lleg贸 al pueblo sin mirar por los espejos. Al d铆a siguiente, a煤n p谩lido, decidi贸 contarle lo sucedido a un viejo conocido, un exvelador del pante贸n.

El hombre no se sorprendi贸.

Ya te toc贸 verla, dijo sin emoci贸n. Es la misma de siempre. Una muchacha que muri贸 hace muchos a帽os, buscando avent贸n para ver a su familia. Nunca lleg贸. Nunca supieron qui茅n la atropell贸. Desde entonces, todas las noches se queda ah铆… esperando que alguien la suba.

Don Efra铆n nunca volvi贸 a pasar por la subida al pante贸n de noche. Y aquellos que a煤n se atreven a cruzarla aseguran que, si ven una mujer de blanco pidiendo avent贸n, lo mejor es no detenerse…
Porque no est谩 buscando llegar a casa.

Est谩 buscando compa帽铆a para no regresar sola.


“No cuento historias, las hago vivir.”
El Narrador Colonial.


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